MUJERES Y CIENCIA: AUTOETNOGRAFÍA COLECTIVA ACERCA DE LOS COSTOS EXTENDIDOS DE LA CARRERA CIENTÍFICA

 

WOMEN AND SCIENCE: COLLECTIVE AUTOETHNOGRAPHY ABOUT THE EXTENDED COSTS OF A SCIENTIFIC CAREER IN HYBRID CULTURES

 

Karla Alejandra Contreras Tinoco[1]

Liliana Ibeth Castañeda-Rentería[2]

Claudia M. Prado-Meza[3]

Lorena Romero-Salazar[4]

 

DOI: https://doi.org/10.32870/lv.v7i63.8086

 

Resumen

Las mujeres científicas reciben una socialización permeada por mandatos de género y mandatos laborales poderosos para la configuración de sus identidades. Estos mandatos son contradictorios. A pesar de ello, las mujeres académicas intentan constantemente incorporarlos en sus experiencias subjetivas, no sin costos, tensiones o retos. Este documento explora, desde nuestras experiencias como científicas mexicanas, los costos subjetivos, relacionales (con la familia, las amistades, la pareja, la maternidad) del trabajo científico cuando se es mujer sincrética, especialmente en un entorno que promueve una cultura de autoexigencia y rendimiento constante. La metodología que elegimos fue una autoetnografía colectiva feminista, la elaboramos por etapas: en una primera etapa establecimos preguntas detonadoras de la reflexión individual, luego de ello, escribimos líneas analíticas en solitario. La segunda etapa consistió en leer las líneas reflexivas que cada una de nosotras escribió en solitario. En la tercera etapa, nos reunimos vía Zoom para una colectivización de ideas, observaciones e interpretaciones. Entre los hallazgos identificamos que algunos costos subjetivos son la culpa, el cansancio, emociones negativas, el permanente sentir de estar en deuda en alguna arista de la vida. Además, resulta central en las narraciones, la percepción de la existencia de costos extendidos del proyecto personal científico, que imponemos a nuestras parejas, padres, madres, hijxs y amistades, lo que se suma a los malestares emocionales generados por las propias renuncias.

 

Palabras clave: mujeres, científicas, autoetnografía, intersubjetividad, costos

 

Abstract

Women scientists experience socialization shaped by powerful gender and work mandates that influence their identities’ configuration. These mandates are often contradictory. Despite this, academic women continually strive to integrate these mandates into their subjective experiences, not without incurring costs, tensions, or challenges. This document explores, from our experiences as Mexican women scientists, the subjective costs and relational impacts (to our family, friends, partners, and motherhood) of pursuing scientific work as syncretic women, especially in an environment that promotes a culture of self-demand and constant scientific productivity to be evaluated.

We chose a feminist collective autoethnography as our methodology, which was developed in stages: in the first stage, we established prompting questions for individual reflection and then wrote analytical reflections independently. The second stage involved reading each other's individual reflections. In the third stage, we gathered via Zoom to collectively analyze ideas, observations, and interpretations. Among the findings, we identified subjective costs such as guilt, exhaustion, negative emotions, and a persistent sense of being indebted in some areas of life. Additionally, a central theme in our narratives is the perception of extended costs imposed by our personal scientific pursuits on our partners, fathers, mothers, children, and friends, which compounds the emotional burdens generated by our own sacrifices.

 

Keywords: women, women scientists, autoethnography, intersubjectivity, costs

 

Recepción: 04 de noviembre de 2024/Aceptación: 29 de abril de 2025

 

Introducción

Somos cuatro mujeres mexicanas académicas que construimos ciencia. Aunque no estamos en la misma zona geográfica, el trabajo que hacemos bajo una perspectiva de género nos ha llevado a coincidir a lo largo del camino, primero como colegas y, después de varios proyectos y años, como amigas. Este texto es el recuento de una conversación continua entre nosotras y de los retos que hemos tenido a lo largo de nuestras carrera como científicas. Así, nuestras continuas conversaciones, de pronto, fueron analizadas bajo la lente con la que vemos y llevamos nuestros proyectos. Esta mirada crítica a nuestra realidad y las conversaciones que esto conlleva nos permitieron ver cómo las condiciones de inequidad se trasladan a nuestra cotidianidad, los mecanismos que utilizamos para enfrentarlos y los costos que pagamos y pagan nuestras relaciones personales por hacer realidad nuestros sueños de construir ciencia.

El primer punto es presentarnos o situarnos en este texto. Todas somos mujeres mexicanas, con estudios de doctorado, adscritas a universidades públicas al interior del país e integrantes del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII), el cual es el organismo de máximo reconocimiento, prestigio y acreditación para las personas que hacen ciencia en el país y que ofrece un estímulo económico diferenciado según el nivel de consolidación de la carrera académica (siendo Candidato el nivel más bajo y SNII III el nivel más alto). Las cuatro realizamos trabajos de investigación bajo una perspectiva de género, aunque nuestras áreas de especialidad son diversas. Karla está adscrita al Centro Universitario de la Ciénega de la Universidad de Guadalajara; su línea de investigación es género y subjetividades y, en el marco de la misma, aborda temas de sexualidades, corporalidades, maternidades, conciliación, igualdad en las Instituciones de Educación Superior (IES) y cultura de paz. Liliana está adscrita al Centro Universitario de los Lagos de la Universidad de Guadalajara; su trabajo de investigación aborda temáticas relativas a la igualdad en las IES, identidades femeninas y ciudadanía. Claudia está adscrita a la Facultad de Economía de la Universidad de Colima, y sus trabajos de investigación son sobre emprendedoras o empresarias y la importancia de las políticas públicas para incentivar su participación en la economía local y mexicana. Lorena, por su parte, está adscrita al departamento de Física de la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma del Estado de México y una de sus líneas de investigación es Género y Ciencia.

Respecto a nuestras edades y los años en la academia, Lorena tiene 55 años de edad y 34 de investigadora y docente. Liliana tiene 43 años de edad y 22 años haciendo investigación, 17 de los cuales también ha impartido docencia. Claudia, con 44 años de edad, ha impartido clases desde 2012, y ha hecho investigación por alrededor de 18 años. Finalmente, Karla, la más joven de las cuatro, tiene 35 años de edad y 16 años en actividades de investigación y como docente universitaria. Tres están casadas y Claudia está soltera. Solo dos son madres: Lorena, tiene una hija de 16 años y Liliana tiene dos hijos, uno de 17 y otro de 14 años.

En este texto abordamos los costos relacionales (en la pareja, en la maternidad, con las amistades y la familia) de hacer ciencia siendo mujer, a partir de la pregunta: ¿Cuáles son los costos para la mujer científica (que hace ciencia) en sus relaciones (maternidad, pareja, amistades, familiares)?

Nuestro interés por analizar los costos surgió a raíz de identificar en nuestras conversaciones que había renuncias de nuestra parte unas más dolorosas que otras para poder cumplir con las obligaciones que conlleva ser una mujer científica en el contexto de la academia pública en México, sobre todo, en universidades o campus que no suelen estar en el centro de las conversaciones sobre ciencia en nuestro país.

Estas conversaciones, aunque en un inicio surgieron como espacios para desahogarnos y compartir el pensar con otras mujeres que sí entenderían nuestra situación por ejercer la profesión de científica en contextos similares, nos permitieron darnos cuenta de que los costos que pagábamos cada una de nosotras eran muy similares, es decir, eran producto de una experiencia colectiva. A partir de la idea de que lo personal es político (Hanisch, 1970), decidimos compartir desde la vulnerabilidad que estábamos dispuestas y podíamos sostener cómo iba nuestra vida como científicas en lo privado. Desde ahí, comenzaron conversaciones que nos ayudaron a darle sentido a cómo funciona el sistema académico para las mujeres mexicanas en la periferia.

Fueron nuestras múltiples conversaciones las que también nos llevaron a identificar que pagábamos más de un tipo de costo, pero al final, todas coincidíamos en que, en ciertas situaciones, los costos de hacer ciencia se volvían abrumadores.

Iniciamos hablando de los costos propios: el sentir un cansancio constante, el saber que dedicar tiempo para nosotras era necesario para mantener la estabilidad y la salud mental, pero hacerlo siempre conlleva un poco de culpa. Las conversaciones nos llevaron a identificar un tipo de costo que habíamos notado, pero no habíamos nombrado: el costo extendido. Y es que, cuando empezamos a hablar de cómo nuestra carrera científica incide o afecta a nuestros círculos cercanos, nos dimos cuenta de que nuestras parejas, hijxs, madres, padres e incluso amistades nos ven poco, y usualmente solo cuando nuestra agenda lo permite. Al mismo tiempo, muchas de las conversaciones con nuestros seres queridos -aunque no estén involucrados en la academia- giran en torno a la complejidad de nuestra profesión.

En el texto abordamos otros tipos de costos, aunque solo los mencionamos, ya que no son el eje central de este documento. Están los costos subjetivos, donde hablamos de nuestra percepción de insuficiencia y del impacto que esto tiene en nuestro bienestar emocional en la vida cotidiana. También está el costo corporal, que se refiere al desgaste físico provocado por jornadas extenuantes, descanso insuficiente y la renuncia a actividades de ocio o ejercicio físico o bien, realizarlas con un profundo sentimiento de culpa, porque sentimos que cuidar el cuerpo nos resta la productividad que se espera de nosotras.

Entonces, entendemos por costo extendido las cargas invisibles que recaen no solo sobre nosotras, sino también sobre nuestros círculos cercanos, como resultado de dedicarnos con pasión a hacer ciencia. Este costo surge del desequilibrio entre la productividad académica que se nos exige y las expectativas sociales que recaen sobre las mujeres mexicanas, especialmente en el ámbito afectivo y familiar, pero también en una ciencia mexicana que se ha caracterizado por ser masculinizada, androcéntrica y precaria.

Al respecto de la ciencia en México y su androcentrismo, es pertinente mencionar que de acuerdo con el reporte internacional Gender Equality in Science: Inclusion and Participation of Women in Global Science Organizations. Result of Two Global Surveys, publicado por el Gender in Science, Innovation, Technology and Engineering et al., en 2021, son al menos cinco las grandes brechas de género a las que se enfrentan las mujeres científicas: 1) la subrepresentación; 2) la desigualdad de acceso a recursos financieros para realizar proyectos de investigación; 3) la baja representación de mujeres en posiciones de liderazgo; 4) el número de publicaciones y de citas es menor para las mujeres; y, 5) la poca conciliación trabajo-familia.

Conforme el reporte de ONU Mujeres (2020), titulado Mujeres en STEM: Avances y desafíos en América Latina y el Caribe para cerrar las brechas de género, la región ha alcanzado casi la paridad con un 45% de investigadoras mujeres. Los datos de México muestran números más bajos con un 33%, lo cual está aún por encima del promedio mundial, que en 2019 era del 29.3%. Esto implica que en general en México se necesitan 17 investigadoras adicionales por cada cien investigadores para lograr la paridad.

En lo referente a la participación de científicas en el SNII, según datos del Informe Nacional sobre el Estado General que Guardan las Humanidades, las Ciencias, las Tecnologías y la Innovación en México del 2022 (Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnología, 2022), hay 3,829 mujeres como Candidatas en el Sistema, lo que representa un 47.5% del nivel: son necesarias aproximadamente 405 científicas adicionales para lograr la paridad. Además, este es el nivel que muestra la menor brecha de género. En el nivel I, el 38.7% son mujeres y se necesitan 3,342 científicas para lograr la paridad. En el Nivel II, el 30.3% son mujeres y se necesitan alrededor de 2,383 mujeres adicionales para cerrar la brecha existente. Finalmente, en el Nivel III, solo hay 501 mujeres, lo que representa el 22.9% de las personas en este nivel, mostrando que se requieren 1,185 científicas más para alcanzar la paridad en ese nivel. Los datos muestran una tendencia de menor número de mujeres según incrementa el nivel del SNII, por lo cual es necesario tener conversaciones que visibilicen cuáles son las barreras a las que se enfrentan las científicas que limitan sus oportunidades de ingresar, permanecer y sobre todo ascender en el Sistema.

Además, el informe señala que existe una distribución geográfica desigual de recursos, con una concentración de investigadores e investigadoras en la región de la Ciudad de México (CDMX) y el centro del país, mientras que aproximadamente el 70% se encuentran fuera de esa área, siendo Colima, Guerrero, Nayarit y Tlaxcala los estados con menos personas científicas en el SNII, con un 0.5% del total cada uno. En el caso específico de Colima, el informe indica que el 40% de las personas en el SNII de ese estado son mujeres, mismo porcentaje para Jalisco, mientras que para el Estado de México es del 37.5%.

En lo referente a las condiciones de precariedad laboral en las universidades públicas mexicanas, Izquierdo, Catalán y Ponce (2022) indican que en los últimos años las universidades públicas se han integrado a una lógica empresarial, resultando en sobrecarga laboral y una constante presión por demostrar productividad debido a la adopción de políticas neoliberales (p. 6). Esta sobrecarga de trabajo no se traduce en una mayor cantidad de recursos financieros; por el contrario, se ha recrudecido la competencia por financiamiento (p. 7), lo que en algunas ocasiones ha conllevado que las científicas inviertan sus recursos propios para realizar sus proyectos de investigación, con el fin de lograr los niveles de productividad requeridos para atender las diversas evaluaciones, especialmente si son integrantes del SNII (p. 14). Así, este texto, desarrollado bajo una perspectiva de género, nos permite observar cómo se replican las inequidades estructurales en nuestras experiencias. Y nos hemos dado cuenta cómo también enfrentamos los desafíos encontrados en publicaciones especializadas y cómo nos han afectado, desde la subrepresentación de mujeres en las ciencias, la desigualdad en el acceso a recursos financieros para proyectos de investigación, la baja representación en posiciones de liderazgo, una menor tasa de publicación en comparación con nuestros colegas hombres y los obstáculos para conciliar la vida laboral y familiar, especialmente en un contexto donde persiste la sobrecarga laboral.

Al compartir nuestras historias, buscamos visibilizar las dificultades que muchas mujeres científicas enfrentan y ofrecer una reflexión crítica sobre las brechas de género en la academia mexicana. Sobre todo, analizamos los costos que se deben de cubrir por desempeñar nuestra carrera científica, que en nuestro caso abordamos que no somos solo nosotras quien cargamos este costo, sino que, se imponen a nuestras parejas, padres, madres, hijxs y amistades.

 

Marco Teórico

Los países latinoamericanos se han configurado a partir de un sincretismo que compagina patrones culturales, históricos, políticos, económicos, religiosos y sociales diversos e incluso discordantes. Estos patrones coexisten en un mismo espacio y tiempo y articulan neoliberalismo, globalización, modernidad y tradicionalismo, dando origen a composiciones particulares, híbridas y únicas en cuanto a modelos de familia, formas de vivir y apropiar la religión, configuración identidades, entre otras (García Canclini, 1997). Este marco cultural funciona como organizador de las identidades de las y los sujetos y configura su sentido de vida.

En estas culturas los sujetos sociales recibimos discursos contradictorios de las diversas unidades culturales a las que pertenecemos, por ejemplo, la familia, la escuela, la iglesia, el barrio, los medios de comunicación, las redes sociales digitales, los grupos artísticos y culturales, entre otros (Guitart, 2008). En todas esas instancias se nos socializa en torno a distintos modos de ser “buen sujeto social”, se nos vigila el cabal cumplimiento de lo instituido o incluso se nos sanciona mediante el regaño, la desaprobación, la crítica y el cuestionamiento de las prácticas o ideologías manifiestas por los sujetos. De modo que, los sujetos sociales, somos repositorios vivientes de mandatos, normas y roles que encarnamos, pero que muchas veces son contradictorios (Contreras Tinoco, 2020). En esta socialización sobre los modos de ser sujetos sociales es diferenciada para hombres y mujeres, debido al orden social de género que tal como ContrerasTinoco (2020) refiere es:

 

una organización simbólica que, partiendo de la diferencia sexual, regula, organiza y da sentido al mundo social en un tiempo y espacio determinado (Carrillo, 2017; Palomar, 2007b), además de que orienta las acciones, prácticas, actividades y roles de los sujetos, incide en la disposición del espacio, condiciona y reglamenta la identidad femenina y masculina, y determina las posibilidades de ser sujeto según el sexo. (p. 60)

 

Los sujetos, recibimos mandatos de género asociados con feminidades y masculinidades hegemónicas que, a partir de una división sexual del trabajo, determinan como irreconciliables los roles y las prácticas esperadas para hombres y mujeres en cada espacio y campo en el que se desarrollan. Particularmente, las mujeres desde los discursos, normas y roles hegemónicos somos receptoras de mandatos en torno a belleza física occidentalizada, docilidad, sensibilidad, expresión deliberada de emociones, recato sexual y erótico o roles ligados con realizar las actividades domésticas y de cuidados de familiares, dedicarse a la crianza y educación de los hijos, así como una adjudicación del espacio privado como el espacio propio (Lagarde, 1990; Lamas, 2000).

Ahora bien, en las sociedades occidentales, neoliberales, globalizadas, de la modernidad tardía los mandatos de género se entrecruzan con otros mandatos igual de poderosos, vigentes e intensos. Nos referimos a los mandatos laborales, que instan a los sujetos a buscar la educación superior, pero también la educación de posgrado y, ahora, hasta la formación continua y constante, así como a buscar el éxito profesional, trabajar intensivamente y prolongar los tiempos de trabajo como formas de mostrar implicación, compromiso y ascender en la carrera laboral. Todo esto en el marco de lo que se ha denominado por Byung-Chul (2017) como sociedades del rendimiento, las cuales instalan la promesa de la libertad (de tiempo, objetivos, intereses) y hacen parecer que en la época contemporánea no existe sometimiento del sujeto, sin embargo, paradójicamente esta promesa de libertad se configura como una coacción, porque el “yo” se convierte en un proyecto que implica coerciones propias en forma de una coacción para el rendimiento y la optimización. En las sociedades del rendimiento, la libertad es en realidad una nueva forma de esclavitud, puesto que el sujeto se explota a sí mismo de forma voluntaria, se convierte en empresario de sí mismo (de sus tiempos, tareas, formación), marcando la autoexplotación como modo de vida.

Estos mandatos laborales y profesionales han cobrado especial relevancia para las mujeres de las clases medias de urbes (Zicavo, 2013). En ese sentido, Zicavo (2013) menciona que para las mujeres contemporáneas la maternidad o el despliegue de roles asociados históricamente a las mujeres ya no representa el mismo prestigio o reconocimiento, sino que han surgido nuevas normativas y mandatos que les instan a trabajar y a la vez ser madres. De este modo, han surgido las superwoman (o supermujeres), concepto que se refiere a mujeres que realizan maniobras y esfuerzos sin importar el costo para hacer compatibles las exigencias del mundo laboral (horarios, evaluaciones, seguimientos de desempeño, etc.) con las demandas del ámbito privado (tareas del hogar, organización de agenda doméstica, crianza, educación y cuidado de infantes, familiares, mascotas, etc., exigencias de belleza, salud, imagen corporal entre otras) aún a pesar de los sacrificios, costos o efectos que esto conlleva. En palabras de Sánchez (2019):   

 

Frente a esta doble demanda: ser buenas madresposas y buenas trabajadoras sin importar el costo que ello suponga para las mujeres, éstas (mujeres) entran en una tremenda vorágine para tratar de cumplir sus múltiples mandatos. Esta sobre exigencia denominada como el “síndrome de la súper mujer” (Heller, 2015: 63) resulta ser realmente imposible en la vida real, por la dificultad de ser “perfectas” en todos los aspectos y de lograrlo todo sin sacrificar nada. Sin embargo, las mujeres se suelen aferrar a él. (p. 91)

 

Por estos múltiples mandatos de género y laborales se configuran identidades femeninas sincréticas (Lagarde, 2001). En cuanto a esto Lagarde señala:

 

Todas las mujeres contemporáneas somos una mezcla de mujeres tradicionales y de mujeres modernas. Por eso, los conflictos que vivimos internamente reflejan los conflictos que hoy se viven en el mundo entre la tradición y la modernidad. Toda mujer en su interior vive muchos de los conflictos culturales y sociales del mundo de hoy. La zona más tradicional de su subjetividad y la zona más moderna de su subjetividad viven en grandes conflictos. (Lagarde, 2001, p. 16)

 

A partir de lo anterior, el trabajo remunerado y profesional, desde lo público, se ha convertido en un eje organizador de las identidades de género femeninas (Castañeda-Rentería y Contreras Tinoco, 2019), pero también coexiste con identidades femeninas hegemónicas, generando que las mujeres se encuentren en tensión, con culpa, siempre en deuda en una arista de la vida. Al respecto, estudios previos (Contreras Tinoco y Castañeda-Rentería, 2016; Castañeda y Contreras, 2017) han documentado los malestares, las angustias, las culpas, los malabarismos y lo extenuante que resulta para las mujeres intentar conciliar la vida laboral, con sus respectivas exigencias y parámetros de rendimiento, éxito profesional, económico e intensidad y la vida privada (aspectos domésticos, maternidad, relaciones de pareja, entre otros). En la literatura feminista también se ha señalado que estas mujeres tienen una identidad dividida (Sanhueza Morales, 2005).

Particularmente, las mujeres académicas ingresamos a los ámbitos de la docencia, la investigación y la academia seducidas por el imaginario de que son actividades que: ofrecen libertad de horario, posibilidad de autogestión y flexibilidad para la organización de los procesos y procedimientos requeridos para la producción de ciencia. Sin embargo, las mujeres científicas en el proceso nos damos cuenta que la “promesa” o “el ideal de la libertad” es insostenible para quienes buscan un papel de alto rendimiento en el campo científico y, por el contrario, es una trampa porque las universidades operan desde la lógica contemporánea de las sociedades del rendimiento, es decir, son de tipo competitivo, neoliberal, individualizadas y, por tanto, se requiere hacer de la propia vida un proyecto de sí que conlleva “autovigilancia de los tiempos, ritmos y formas de trabajo”, rendimiento, autoexigencia y disciplina para cumplir a cabalidad con los múltiples e inacabables requerimientos para ocupar un lugar en el campo de la ciencia (Byung-Chul, 2017).

Las mujeres científicas sabemos que la única manera de hacer frente a la precarización de la labor científica, a la patriarcalización y neoliberalización de los espacios universitarios (Enciso et al., 2021) y a las brechas de género aún prevalecientes en el ámbito académico (tal como evidenciamos en el apartado anterior), es construir la propia vida como un proyecto de sí que permita cumplir con los cada vez más demandantes mecanismos de vigilancia, control, evaluación y financiación de la labor científica (Enciso et al., 2021). En ese sentido, las mujeres académicas extendemos los tiempos de trabajo a fines de semana, noches, madrugadas o a los periodos vacacionales; usamos agendas y mecanismos que permitan optimizar, organizar y hacer rendir el tiempo efectivo de trabajo; renunciamos a los tiempos de ocio, socialización o deporte para cumplir con los compromisos académicos inevitables e irrenunciables (tutorías, docencia, reuniones, actividades de gestión, organizar expedientes de desempeño semestrales, participar en convocatorias por fondos públicos, liderar organismos, organizar eventos académicos, participar en comisiones revisoras de distintos temas, etc.) y las labores adquiridas porque son necesarias e indispensables para continuar y ascender en la carrera científica, pero que no son remuneradas. Por tanto, es un proyecto con altos costos corporales, emocionales, subjetivos y relaciones (con la familia o con la sociedad).

Para nosotras como científicas que trabajamos con perspectiva de género y que consideramos el valor de la experiencia subjetiva en la construcción de conocimiento, hemos determinado que resulta relevante visibilizar las vivencias vinculadas con los costos de las mujeres académicas mexicanas y sincréticas, como somos nosotras mismas. Por ello, en este trabajo nos enfocaremos en analizar los costos relacionales (en la pareja, las amistades, lxs hijxs, la familia) de la búsqueda de compatibilizar el proyecto profesional con el proyecto del ámbito privado.

 

Metodología

Coincidimos con Blanco, quien asegura “desde la perspectiva epistemológica que sostiene que una vida individual puede dar cuenta de los contextos en los que le toca vivir a esa persona, así como de las épocas históricas que recorre a lo largo de su existencia” (Blanco, 2012, p. 54). Así como otras autoras que han destacado que es proceso y producto a la vez (Bénard Calva, 2019). En el marco de lo anterior, elegimos la autoetnografía como estrategia metodológica, ya que nos permite descentrarnos del sujeto científico que siempre “observa” a lxs otrxs y más bien centrarnos en desenmarañar los hilos narrativos que permiten debatir y reflexionar desde la primera persona del singular, hasta entretejer hacia el plural nosotras mujeres científicas. Construimos la autoetnografía colectiva como un espacio seguro (Carter et al., 2016), compartido y analítico que nos permitió tomar conciencia de que en la generación de conocimiento sobre las mujeres científicas, también lo personal es político.

Destacamos que se trata de una autoetnografía feminista pues ésta “refiere a la descripción orientada teóricamente por un andamiaje conceptual feminista en el que la experiencia de las mujeres, junto con la develación de lo femenino, está en el centro de la reflexión que conduce la observación” (Castañeda Salgado, 2012, p. 221) no sólo visibilizar, sino nombrar lo que no ha sido nombrado de la experiencia femenina.

La información para analizar se obtuvo a partir de charlas y reuniones periódicas en diferentes espacios virtuales con base en cuales se diseñaron un conjunto de preguntas, mismas que fueron depuradas para seleccionar las pertinentes para este texto. Procedimos a responderlas por escrito de forma independiente y después a comentar las respuestas identificando puntos de coincidencia y reflexión, conforme a nuestra disponibilidad de tiempo, inspiración y valentía de narrarnos desde lo íntimo y personal, pero además de voltearnos a ver en tanto sujetas históricas sometidas a normativas, siendo contradictorias, insuficientes e inacabadas.

En una reunión virtual posterior, procedimos a colectivizar las autoetnografías para dar la voz a las 4 participantes, para luego desde un distanciamiento crítico de nuestras historias pasar a analizar teóricamente los hilos narrativos en un manuscrito más unificado. Una de las cualidades de este ejercicio de autoetnografía fue que al analizar teóricamente nuestras experiencias encarnadas identificamos aspectos hasta antes ocultos para quienes escribimos este texto y, en ese sentido, pudimos constatar el doble papel de la autoetnografía, como productora de conocimiento, pero también como medio para un tipo de reflexividad más política de cómo aproximarnos y vivirnos en el campo científico.

Para la escritura participamos mediante reuniones sucesivas de escritura, retroalimentación y escucha compartida construyéndose así este texto a cuatro voces. Finalmente, consideramos oportuno mencionar que, como en todo trabajo científico, hemos buscado asegurar el anonimato y la confidencialidad de quienes participaron en este ejercicio de escritura colectiva de auto etnografías, por tanto, se han usado códigos que oscilan entre el PMC001 al PMC004 y no usar nombres para mencionar o distinguir las voces de las participantes. Asimismo, consideramos oportuno mencionar que sabedoras que este trabajo autoetnográfico nos presenta siempre en relación con otrxs (pareja, hijxs, padres, amistades) hemos decidido usar códigos como un mecanismo para resguardar el anonimato de nuestros seres queridos. Si bien otras investigaciones han implementado otras estrategias como usar seudónimos para nombrar a los otros o inclusive no nombrarles (Bénard, 2016, p. 21), consideramos que para lo que a este texto respecta, no vincular los testimonios directamente con las investigadoras es suficiente.

 

Hallazgos: de los costos propios y de los costos extendidos

A partir del material recopilado por escrito y de la grabación de la sesión desarrollada a través de la plataforma de Zoom, identificamos en nuestras narraciones dos posicionamientos desde los cuales hablábamos de los costos que tiene la carrera científica: el primero, en el que manifestamos costos experimentados por nosotras mismas, lo que sentimos, pensamos, vivimos; y el segundo, que contiene nuestras narrativas sobre la percepción de los costos que consideramos que pagan lxs otrxs, debido a nuestro trabajo como mujeres en la ciencia. Esxs otrxs son nuestros padres, nuestra propia familia: esposos e hijxs y amistades. Así, organizamos los hallazgos.

a)      Costos propios

Las cuatro participantes coincidimos en que uno de los costos de nuestra dedicación a la labor científica como eje articulador de nuestra identidad/subjetividad, está relacionado con lo absorbente y demandante que esta es, lo cual deriva de la constante necesidad de tener indicadores y productos acorde a los sistemas de evaluación a los que estamos sujetas.

Lo anterior, entonces, requiere una dedicación de mucho tiempo a las actividades propias de la generación de conocimiento. Sumado a las demás actividades demandadas por nuestras instituciones: gestión, tutorías, docencia, divulgación de la ciencia, difusión del conocimiento, formación de recursos humanos extra aula(recepción de becarios, practicantes, doctorantes), participación en comisiones para organizar eventos académicos o crear/actualizar programas, etc., lo que representa jornadas laborales si bien flexibles en cuanto a que no necesariamente se cumplen en horarios preestablecidos o en un cubículo u oficina, sí se trata de jornadas que se extienden en el tiempo y también en el espacio, a horarios fuera de la jornada laboral, a días feriados o fines de semana y vacaciones, y que se trasladan fuera de nuestras instituciones, a nuestras casas.

Lo anterior implica una experiencia de constante malestar emocional, lo que coincide con otros trabajos al respecto (Castañeda-Rentería et al., 2019; Bénard et al., 2018) pero que hasta ahora no se ha analizado cuando la disciplina y el compromiso con la ciencia se vive con culpa de no estar para aquellos y aquellas para quiénes querríamos estar. Esto se observa de manera concreta, por ejemplo, en la relación con nuestras madres y/o padres, que percibimos como personas adultas mayores que cada vez requieren o requerirán mayor apoyo y asistencia de parte nuestra y para las cuales nos gustaría estar.

 

Me inquieta pensar que no le ofrezco el suficiente tiempo, atención, acompañamiento a mis padres, quienes cada vez están más enfermos y adultos…y que pareciera que mi prioridad está en el trabajo siempre, a veces, pienso que un día no estarán y que yo me quedaré con la culpa de todo lo que hice por la ciencia y no por ellos. (PMC01)

Tal vez la relación que me representa, al menos en estos momentos un mayor conflicto emocional, es la que tengo con mis padres. Aunque intento verlos al menos una vez a la semana, siempre siento que no estoy haciendo lo suficiente como hija, lo que, de nuevo, me imagino que ya no es sorpresa, añade a la carga emocional de culpa. (PMC02)

…dedicarme a la investigación es sin duda junto con la docencia mi mayor pasión, siento que contribuyo a la vida de las personas, a algo mayor que yo, pero todo eso queda en la entrada de mi casa y la mujer que entra siempre está en deuda con los más cercanos, no solo mi esposo e hijos, también pienso en mi madre por ejemplo, con quienes dicho sea de paso, no podría estar si no tuviera vida fuera del hogar… (PMC04)

 

En el caso de la pareja destacan dos elementos, el primero que es la selección racional de parejas que permitieran el desarrollo de la trayectoria académica, así como la construcción de una relación “a modo” para caber con el proyecto académico, respecto a lo cual se destaca un perfil específico de esposo o en su caso una pareja dedicada a la academia que se asume entiende la lógica del trabajo científico

 

En términos de mi relación de pareja, podría decir que elegí racional y cuidadosamente una pareja que pudiera convivir, apreciar y acompañar a una mujer académica, es decir, que me diera tiempos de soledad, que no se sintiera atemorizado con mis logros, que respete los requerimientos de la academia, que se sintiera cómodo con mis viajes, mis logros, con una mujer que no cocina, ni va a fiestas familiares o está presente siempre, etc. (PMC01)

En múltiples ocasiones me encuentro dudando de poder mantener una relación estable con un hombre que no fuese del gremio académico para entender perseverancia y mis decisiones sobre horarios, llevarme trabajo en casa o atender mensajes relacionados con asesorías. (PMC03)

... él sabe que mi trabajo no está ni estará a negociación. (PMC04)

 

La elección de pareja y los acuerdos entre ésta, en el caso de las mujeres académicas han sido abordados en otras investigaciones (Castañeda-Rentería y Contreras Tinoco, 2021), nuestra experiencia parece coincidir con la de otras académicas sobre todo en la claridad en la que el proyecto académico no está sujeto a negociación, y en que los acuerdos no son siempre permanentes, ni exentos de tensiones. Por otro lado, el que no exista una pareja se percibe por otros como el costo de los logros laborales, y deriva en una mirada lastimosa por parte de lxs otrxs a la mujer científica,

 

En momentos sí he llegado a sentir frustración de no encontrar una pareja adecuada y creo que el aislamiento emocional es importante, sobre todo tomando en cuenta que constantemente se me es señalado que este mundo está diseñado para personas que viven en pareja… (PMC02)

 

En este sentido vale la pena señalar que resultó revelador identificar que algunas experiencias respecto a la no existencia de pareja o hijxs, o hasta en relación con los acuerdos de pareja, son percibidos con cierto pesar por personas cercanas a nuestro círculo, pese a ser vividas por nosotras como parte de una realidad elegida.

Sobre la maternidad los costos percibidos los identificamos en dos sentidos. Por un lado, y en concordancia con lo señalado en el párrafo anterior, aquellos que van desde la consideración de no tener hijxs con el respectivo “miramiento” de otrxs sobre el hecho de la soledad que supuestamente implica para nuestra vejez; y, por otro lado, no tener hijxs sino hasta alcanzar ciertas metas o ciertas condiciones de vida, lo que representó en su momento para una de nosotras un embarazo difícil de lograr y con muchos riesgos, lo que se percibió efectivamente como un costo derivado de anteponer la trayectoria científica a la personal.

También encontramos los costos que experimentamos cuando teniendo hijxs no podemos/queremos cumplir con los mandatos de crianzas exclusivas o renuncias laborales, lo que nos lleva a sentir culpa por no estar, no estar lo suficiente y no cumplir con el mandato todavía presente en nuestra cultura y en nosotras mismas de la “buena madre”. Sin embargo, pese a lo anterior, la culpa por no ser esa buena madre que se espera, no resulta lo suficientemente potente para interpelar la idea de trabajar de otra manera o renunciar al trabajo científico.

Finalmente, en nuestras narrativas identificamos otrxs sujetxs importantes para nosotras respecto a los cuales consideramos pagamos un alto precio derivado de nuestra dedicación a la ciencia: nuestras amistades.

 

En el ámbito de las amistades, este es tal vez el tema que más me gusta y valoro en estos momentos. Aprecio profundamente las relaciones que he cultivado, especialmente aquellas forjadas en el ámbito académico. Estas amistades me han ayudado a reducir, con el paso de los años, mi síndrome de la impostora y han sido un soporte emocional crucial. No obstante, el sentimiento de nunca tener suficiente tiempo para dedicar a mis amistades no me abandona, lo cual contribuye a mi constante sentimiento de culpa. (MCP02)

 

Las amistades son sin duda muy importantes, pero efectivamente en la mayoría de nuestros casos siempre nos sentimos en deuda por no estar lo suficientemente disponibles para ellxs, pues las demandas del trabajo y de la familia siempre aparecen como prioritarias. Pese a ello, reconocemos la importancia de contar con amistades tanto fuera como dentro del ámbito académico. Fuera, pues consideramos que “oxigenan la labor familiar, pero con quienes no se habla de la academia y a la hora de buscar coincidir se les deja en última prioridad, siempre anteponiendo los compromisos académicos” (MCP03).

Dentro del ámbito de nuestro trabajo, se resume en el siguiente: “el encontrar personas que se convierten no sólo en colegas cercanxs, sino en amigas, es una bendición” (MCP04).

Se identifica pues una lucha constante entre la defensa del proyecto personal y el cumplimiento de los mandatos que nos configuran identitariamente, en donde además el querer hacer “bien” las cosas como científica, como madre, como esposa o como hija, genera un sentimiento de que nunca hacemos lo suficiente para serlo. Así pues a la culpa se suma un sentimiento de insuficiencia que nos genera cansancio físico y emocional, además de frustración. Los costos propios son vividos como renuncias personales, elecciones propias que generan un sentimiento de insuficiencia.

b)      Costos extendidos

En nuestras narraciones encontramos la idea percibida de que nuestros seres más cercanos pagan un costo derivado de la lucha por la defensa del proyecto personal, articulado desde la participación en la carrera científica. Un costo impuesto/extendido desde nosotras a ellxs.

 

Pareciera que siempre estoy dividiendo mi tiempo entre cumplir con las demandas de ser profesora-investigadora y el pasar tiempo con mi familia, lo cual resulta en una constante sensación de no estar presente de manera plena en ninguno de los dos aspectos. (PMC02)

Estoy con mis padres y mi familia, pero al mismo tiempo atendiendo el teléfono, o con la computadora… (PMC03)

 

Otro aspecto que también surgió en la escritura autoetnográfica y en las conversaciones que tuvimos fue el costo que implica para nuestras familias, padres, madres, hermanxs, hijxs, el que por nuestros trabajos, por ejemplo, vivamos en lugares lejanos a donde radica nuestra familia.

Con relación a la pareja consideramos que si bien en la elección y acuerdos de quienes contamos con esposos siempre ha sido claro el lugar que ocupa nuestro trabajo, eso no evita que experimentemos ciertos malestares derivados de lo que percibimos son los costos que ellos “pagan” por nuestro trabajo:

 

siempre tengo el permanente sentir de que estoy en deuda con él, por su tiempo, por su paciencia, porque no estoy lo suficiente, porque me ve cansada y de malas con frecuencia por aspectos laborales. (MCP01)            

Encontrar una pareja no fue en sí misma una meta, sino se dio a partir de un acompañamiento profesional y personal, de una forma natural, una vez establecida tuvo que acompañarse de acuerdos para mantener mi vida como científica, que sí era una meta. (MCP03)

Elegí racionalmente a un hombre que compartiera mis logros y que no se sintiera amenazado con lo que en un primer momento fueron mis sueños y ahora poco a poco se han ido volviendo realidades. Sin embargo, un tema que es muy difícil para mí es la culpa de que a mí me vaya mejor profesionalmente hablando que a él… ha sido todo un tema para mí en los últimos años. (MCP04)

 

La relación con lxs hijxs también figura en esta dimensión. Si bien en el apartado anterior se describe cómo desde la perspectiva de las que somos madres, experimentamos que no hacemos lo suficiente para ser “buenas madres”, quienes tenemos hijxs consideramos además que en ocasiones trasladamos el nivel de autoexigencia, perfeccionismo, disciplina que nos ha permitido ir consolidando nuestras trayectorias como científicas a la crianza, lo cual percibimos como un costo impuesto sobre ellxs derivado de nuestras formas de ser y hacer en el marco de nuestra labor científica:

 

así como soy de obsesionada con un proyecto, esta expectativa de querer hacerlo todo bien, lo he trasladado a mi forma de exigir calificaciones, de sus actividades extraescolares, y la verdad me entristece ahora que lo veo así, y me hace sentir muy mal… (MCP04)

Como “buena madre” me ha sido difícil contener mi autoexigencia hacia mi hija para dejarla vivir su trayectoria escolar a su propio ritmo... (MCP03)

 

Respecto a las amistades, además del costo propio por el olvido y alejamiento que nuestra dinámica laboral conlleva, consideramos que ellxs también pagan un costo impuesto derivado de las características de nuestra labor científica:

 

Entre tanto frente al que hay que responder el más castigado en mi vida es la amistad, no tengo muchas amigas fuera de los ámbitos académicos y lo peor es que a muchas de mis amistades las veo solo para actividades y proyectos que hay que entregar, con reuniones rápidas y siempre corriendo… (MCP01)

…coincido, te terminas aislando de amistades fuera del medio y aunque puedes tener relaciones muy sólidas con mujeres y hombres académicos, siempre están castigadas por la dinámica de la vida científica. Se vuelve difícil reunirnos y no hablar del trabajo, de los temas que nos congregan... de pronto te das cuenta que aún en una reunión para un café o una cerveza estás planeando un nuevo artículo o un seminario. (MCP04)

 

Los costos extendidos son vividos como imposiciones a lxs otrxs, y generan deuda, culpa y malestar.

 

Conclusiones

En las culturas híbridas (García-Canclini, 1997) las mujeres hemos sido receptoras de mandatos contradictorios, irreconciliables y discordantes: el de género y el de éxito profesional. Por un lado, recibimos mandatos ligados con una identidad femenina hegemónica, por ejemplo, el mandato de la “madreesposa” (Lagarde, 2001), del ser para otrxs (padres, madres, hijxs, parejas, amistades, etc.), de ocupar el ámbito privado, de llevar a cabo el trabajo doméstico, de realizar el trabajo de cuidados (en mascotas, personas enfermas, etc.) e incluso nuestros modelos y referentes de vida y feminidad han sido mujeres cuyas feminidades son afines a estos roles y normas. De hecho, mucho se ha dicho ya sobre la importancia de la existencia de modelos y referentes en la vida de las mujeres. Todavía es común escuchar que por primera vez en tal o cual país, en tal o cual institución, una mujer ocupa un cargo que hasta entonces había sido ocupado por hombres. En el caso que nos ocupa en este trabajo, la mayoría de las que participamos no sólo somos las primeras científicas en nuestras familias, sino que, además, somos las primeras mujeres en tener estudios universitarios y alcanzar niveles de escolaridad a nivel posgrado.

Por otro lado, somos al mismo tiempo mujeres propias del proyecto modernista y neoliberal de los países latinoamericanos que ha impuesto a las clases medias la educación superior y el trabajo como modos de vida deseables y como mecanismos para lograr la movilidad social y económica. Este proyecto modernista, a su vez, se entrecruza con las demandas feministas y las crisis económicas que hicieron insostenible que las unidades familiares se sostuvieran con un solo salario (Castañeda-Rentería y Contreras Tinoco, 2019). Todo esto ha permitido que las mujeres nos insertemos en el ámbito público, en un campo específico como lo es el científico, el cual, en la época contemporánea está caracterizado por la competitividad, la autoexigencia, la individualización, la búsqueda de prestigio. Sin embargo, no solo ha permitido que nos insertemos, sino que, nos ha impuesto nuevas demandas y parámetros de medición, tal como menciona Zicavo (2013) la maternidad o el dedicarse al trabajo doméstico no remunerado ya no representa reconocimiento o prestigio para las mujeres en la época actual.

Muchas de las mujeres académicas hemos sido socializadas para cumplir a cabalidad tanto con los mandatos de género como con los mandatos laborales, tan es así que en el artículo “Resistencias y reproducciones de mujeres académicas: Estrategias de supervivencia en la academia patriarcal/neoliberal” (Enciso Domínguez et al., 2021) se determina que las mujeres optan por estrategias como el malabarismo, la limitación o la sororidad para lograr compaginar y conciliar vida laboral y vida privada. Aunque hay otras mujeres como “las superwoman” de las que habla Sánchez (2019) que tienden más bien a buscar cumplir con perfección tanto los roles impuestos por los mandatos de género como por la ciencia. Es claro en las narrativas de nuestras experiencias esa tensión. Desde ahí mucho de lo que expresan nuestras cuatro voces es coincidente con la bibliografía sobre mujeres académicas y científicas precedente (Castañeda-Rentería y Araujo, 2021; Castañeda-Rentería et al., 2019; Castañeda y Contreras, 2017; etc.) respecto a la presencia de la culpa, el cansancio y la no renuncia de mujeres escindidas entre su vida pública y privada.

Sin embargo, lo que a nuestro parecer resulta novedoso y representa un aporte a la literatura sobre género y ciencia es que en las narrativas presentadas en nuestro texto identificamos que existe la percepción de que no solo nosotras pagamos un alto costo por la defensa de nuestros proyectos profesionales en el ámbito científico, sino que, además, ese costo es trasladado e impuesto sobre quiénes nos rodean: pareja, padres, madres, amistades, hijxs, etc.

La presencia de lxs otrxs en la vida, relaciones, de nosotras mujeres científicas resultan de una importancia tal que no solo nos sentimos en deuda, con gran culpa e insuficientes por no ser la buena madre, la buena hija, la buena esposa, la buena amiga que deberíamos de ser, sino que, además, la culpa se incrementa cuando percibimos que sacrificamos a quienes amamos haciéndoles pagar un costo a cambio de nuestro éxito como mujeres en la ciencia.

Esto resultó frustrante y paradójico para algunas de nosotras. Frustrante porque al parecer nunca haremos lo necesario para hacerlo bien y la sociedad (y nosotras mismas) constantemente lo recrimina. Paradójico, pues a nuestros sentimientos de culpa e insuficiencia por lo que hacemos, dejamos de hacer, o hacemos “como podemos”, al parecer, se suma la culpa de sentir que imponemos sacrificios a otrxs para lograr consolidar nuestro proyecto personal. Ante eso, resulta imposible encontrar una salida.

 

 La necesidad de demostrar mi valía en el ámbito profesional, junto con las altas expectativas autoimpuestas, han creado una dinámica en la que siempre parece que estoy repartiendo "migajas" de tiempo y atención a las personas importantes en mi vida. (MCP02)

 

En suma, estas mujeres científicas sincréticas tenemos una experiencia vital marcada por la incompletud, por lo inacabado, por la deuda con nosotras mismas y con nuestros vínculos, puesto que siempre pagamos los costos del esfuerzo de intentar compaginar dos caminos que parecen distantes e irreconciliables, y al parecer extendemos esos costos a nuestros círculos más cercanos.

 

Bibliografía

Bénard Calva, S. M. (2019). Autoetnografía. Una metodología cualitativa. Universidad Autónoma de Aguascalientes; El Colegio de San Luis.

Bénard Calva, S. M. (2016). Atrapada en provincia. Un ejercicio autoetnográfico de imaginación sociológica. Universidad Autónoma de Aguascalientes.

Bénard Calva, S. M., Padilla, Y. y Padilla González, L. (2018). Somos académicas privilegiadas, y aún así... Astrolabio, (20), 256-275. https://doi.org/10.55441/1668.7515.n20.17704

Blanco, M. (2012). Autoetnografía: una forma narrativa de generación de conocimientos. Andamios, 9(19), 49-74.

Byung-Chul, H. (2017). La sociedad del cansancio. Herder.

Carter, A., Prado-Meza, C. M. y Soulis, J. (2016). Learning to Transgress: Creating Transformative Spaces in and Beyond the Classroom. En J. Sumner (Ed.), Learning, Food, and Sustainability (pp. 221-237). Palgrave Macmillan.

Castañeda-Rentería, L. I. y Araujo, E. R. (2021). Atrapadas en casa: maternidad (es), ciencia y COVID-19. Brasilian Journal Education, Techonology and Society, (14), 75-86. https://hdl.handle.net/1822/83119

Castañeda-Rentería, L. y Contreras tinoco, K. (2017). Apuntes para el estudio de las identidades femeninas. El desafío entre el modelo hegemónico de feminidad y las experiencias subjetivas. Intersticios Sociales. 13, 1-19.

Castañeda-Rentería, L. I. y Contreras Tinoco, K. A. (2019). Mujeres-madres que trabajan. La resignificación de la maternidad en mujeres profesionistas en Guadalajara-México. Anthropologica, 37(43), 133-151. http://dx.doi.org/10.18800/anthropologica.201902.006

Castañeda-Rentería, L. I. y Contreras Tinoco, K. A. (2021). “Espero que el SNI haya valido la pena”. Tensiones, negociaciones y rupturas entre mujeres científicas y sus parejas. Revista de El Colegio de San Luis, 11(22), 1-30. https://doi.org/10.21696/rcsl112220211296

Castañeda-Rentería, L. I., Contreras Tinoco, K. A. y Parga Jiménez, M. F. (Coords.) (2019). Mujeres en las Universidades Iberoamericanas: la búsqueda de la necesaria conciliación trabajo-familia. Universidad de Guadalajara; Organización Universitaria Interamericana.

Castañeda Salgado, M. P. (2012). Etnografía Feminista. En N. Blazquez Graf, F. Flores Palacios y M. Ríos Everardo (Coords.), Investigación feminista. Epistemología, metodología y representaciones sociales (pp. 217-238). Universidad Nacional Autónoma de México; Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades; Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias; Facultad de Psicología.

Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (2024). Informe Nacional sobre el Estado General que Guardan las Humanidades, las Ciencias, las Tecnologías y la Innovación en México. https://www.siicyt.gob.mx/index.php/transparencia/informes-conahcyt/informe-general-del-estado-de-la-ciencia-tecnologia-e-innovacion/informe-nacional-2022

Contreras Tinoco, K. A. (2020). Embarazos situados: subjetividad y experiencia en mujeres gestantes en Guadalajara, México. Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social. https://ciesas.repositorioinstitucional.mx/jspui/handle/1015/1175

Contreras Tinoco, K. A. y Castañeda Rentería, L. I. (2016). Tensiones entre el cuerpo productivo de la mujer y la normatividad de género en torno a la maternidad. Revista Latinoamericana de Estudios sobre Cuerpos, Emociones y Sociedad, 8(21), 10-24. https://www.redalyc.org/pdf/2732/273246916002.pdf

Enciso Domínguez, G., González-Yañez, M. y Chiappini, F. (2021). Resistencias y reproducciones de las mujeres académicas: Estrategias de supervivencia en la academia patriarcal/neoliberal. Quarderns de Psicologia, 23(2).

García Canclini, N. (1997). Culturas híbridas y estrategias comunicacionales. Estudios sobre las culturas contemporáneas, 3(5), 109-128. https://www.redalyc.org/pdf/316/31600507.pdf

Guitart, M. E. (2008). Hacia una psicología cultural. Origen, desarrollo y perspectivas. Fundamentos en Humanidades, 9(18), 7-23. https://www.redalyc.org/pdf/184/18411970001.pdf

Gender in science, innovation, technology and engineering, InterAcademy Partnership e International Science Council (2021). Gender Equality in Science: Inclusion and Participation of Women in Global Science Organizations. Results of two global surveys. https://council.science/wp-content/uploads/2024/03/GenderEqualityInScience_TwoGlobalSurveys.pdf#page=1.00&gsr=0

Hanisch, C. (1970). The Personal is Political: The Women’s Liberation Movement Classic with a New Explanatory Introduction. http://www.carolhanisch.org/CHwritings/PIP.html

Izquierdo Campos, A. I., Catalán Montiel, A. y Ponce Crespo, C. I. (2022). Condiciones de precariedad laboral en una universidad pública mexicana: percepciones, capacidades y recursos de los investigadores. Revista de la educación superior, 51(204), 1-21.

Lagarde, M. (1990). Identidad femenina. Comunicación, Intercambio y Desarrollo Humano en América Latina.

Lagarde, M. (2001). Claves feministas para la negociación del amor. Puntos de Encuentro.

Lamas, M. (2000). Género, diferencias de sexo y diferencia sexual. En A. E. C. Ruiz y C. Amorós (Comps.), Identidad Femenina y Discurso Jurídico (pp. 65-84). Biblos.

ONU Mujeres (2020). Las mujeres en Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas en América Latina y el Caribe. ONU Mujeres. https://lac.unwomen.org/sites/default/files/Field%20Office%20Americas/Documentos/Publicaciones/2020/09/Mujeres%20en%20STEM%20ONU%20Mujeres%20Unesco%20SP32922.pdf

Sánchez, J. (2019). “Superdirectivas”: las conciliaciones entre el liderazgo y las madresposas. En L. I. Castañeda-Rentería, K. A. Contreras Tinoco y M. F. Parga Jiménez (Coords.), Mujeres en las universidades iberoamericanas: la búsqueda de la necesaria conciliación trabajo familia (pp. 91-106). Universidad de Guadalajara; Organización Universitaria Interamericana.

Sanhueza Morales, T. (2005). De prácticas y significancias en la maternidad, transformaciones en identidad de género en América Latina. Revista de Estudios de Género, La Ventana, 3(22), 146-188. https://doi.org/10.32870/lv.v3i22.786

Zicavo, E. (2013). Dilemas de la maternidad en la actualidad: antiguos y nuevos mandatos en mujeres profesionales de la ciudad de Buenos Aires. Revista de Estudios de Género, La Ventana, 4(38), 50-87. https://doi.org/10.32870/lv.v4i38.484



[1]Universidad de Guadalajara, México. Correo electrónico: ctka_28@hotmail.com

[2]Universidad de Guadalajara, México. Correo electrónico: liliana.castaneda@academicos.udg.mx

[3]Universidad de Colima, México. Correo electrónico: claudiaprado@ucol.mx       

[4]Universidad Autónoma del Estado de México, México. Correo electrónico: lors@uaemex.mx